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Claudia Fernández: las salas sustentan la cultura y a los artistas

La periodista musical explica el rol de las salas de conciertos en la industria musical madrileña y su influencia en los barrios en los que se encuentran

Claudia Fernández es una periodista musical que ha navegado por la cultura sonora madrileña a lo largo de los últimos años, visitando cada sala de Madrid que ha podido para ver a una abrumadora cantidad de artistas presentar sus proyectos. Aproximadamente este último año ha acudido a entre 100 y 120 conciertos. Por tanto, calcula que un tercio de su año lo pasa en salas de conciertos o festivales.
Este contacto constante con la industria musical de la capital le ha permitido desarrollar un sentido especial para vivir cada concierto como si fuera el primero, cada cual en una sala, en un entorno, y en un barrio distinto. Nadie mejor que ella para desvelar cuál es la esencia de las salas y el gran valor que aportan a la identidad y cultura madrileñas.

¿Qué hay de especial en las salas?

"Al final es la intimidad. Cuando una persona va a un concierto, lo que busca es romper una cuarta pared con un artista. Yo siempre lo digo, los artistas y los fans la forma que tienen para comunicarse mayoritariamente son las redes sociales; es un proceso más largo. Sin embargo, una persona que va a un concierto tiene una comunicación totalmente directa con un artista y eso hace que le llame la atención ir allí, ya no solo para escuchar el directo; ahí se rompe la pared de plataforma a persona. Ahí todo es directo. Entonces una persona lo que busca en una sala es eso, que haya completamente una comunicación directa entre artista y oyente. Al concierto, evidentemente, vas por escuchar la música, pero a eso le unes el mimetizarte con un ambiente, crear comunidad y por supuesto tener una comunicación totalmente directa con un artista".

El componente cultural de las salas

"Por una parte, que en un barrio haya una sala revitaliza muchísimo la hostelería. Y luego, por otra parte, una de las cosas que te ofrece al final es la identidad. Cada sala tiene esa identidad personal que las hace únicas. Evidentemente, las que son más recientes todavía están en proceso de buscarse. Pero al final hace que haya variedad para todos los tipos de público, que todos los tipos de personas encuentren su sala concreta en Madrid donde sentirse, y las que están situadas en barrios concretos, pues aportan muchísima vitalidad".

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Contrastes entre barrios

"Por ejemplo, en Carabanchel hay un local que se llama Eko, que es así reivindicativo y demás. Es un local que conecta mucho con la identidad del propio barrio. O sea, Carabanchel es un barrio obrero que siempre ha sido muy luchador por su interés, por su identidad personal. Y se nota mucho también el tipo de música que se hace allí, un poco más punkarra, más rockero, con un mensaje más potente. Entonces, va muy conectada con lo que es la identidad del barrio. Lo mismo te puede pasar cuando te vas a Las Ventas. Ahí tenemos el Live Las Ventas, quizás un recinto así un poco más pijito, por así decirlo, y conecta mucho con la identidad de un barrio en el que es de tradición torera, un barrio donde hay muchas más personas bien asalariadas. O sea, tienen mucho que ver las propias salas con el entorno en el que se complementan".

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Sala El Sol

"Luego hay muchas salas que son un poco, como yo digo, cascarillas. Tenemos la sala Sol, allí en mitad de Sol, que no pertenece a un barrio concreto porque yo creo que el Centro como tal no tiene una identidad propia, porque al final somos una amalgama de gente que venimos a Madrid. Pero sí que es verdad que es una sala súper reconocible. O sea, una persona que no es de Madrid le hablas de la sala Sol y sabe qué sala es, porque es una sala con una estética súper reconocible, que sabe que está, por el propio nombre, cerca de Sol. O sea, hay salas que son muy identificables. Y por supuesto, al conjunto de Madrid en general, el hecho de tener tanta variedad de salas hace que mucha gente se sienta atraída en hacer turismo a Madrid".

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Sala Búho Real

"La Búho Real es una sala de Madrid en la que ha empezado a tocar gente como Andrés Suárez, Vanesa Martín, o sea, Rozalén, con entradas que en un principio valían 5 euros. Y que era una sala que tiene la peculiaridad de que no quiere gente conocida, sino que apuesta por el talento emergente. Y claro, luego te lleva a la sorpresa que ese talento emergente por el que apostaste, ahora está llenando un WiZink Center".

Conciertos del día a día

Para mí de forma total. Se me vienen a la cabeza las que hay por Calle de las Tres Cruces, o varios barecitos club que hacen conciertos todos los días. Por ejemplo, en el Intruso, allí en Malasaña, hacen conciertos todos los días, prácticamente se avisan con un día o dos de antelación y la gente de la calle, la propia gente que vive en Madrid, se acerca y dice, “bueno, pues voy a tomarme algo y de paso escucho a este”. Esos son los que sustentan realmente la cultura de Madrid, los que van sin ningún tipo de pretensión a escuchar a quien sea; van a tomarse algo, van al barecito de su casa. La gente que va a la Búho Real o al Café Libertad va a escuchar al que haya allí, que nunca van a saber quién es. Van por el sitio, por descubrir nueva música.

Es muy fácil que un Wizink se sustente y es muy fácil que un Santiago Bernabéu se sustente, pero un café pequeño en el que hay conciertos prácticamente todos los días sin los vecinos no irían a ningún lado, porque son salas que competitivamente no pueden ofrecer grandes nombres. Lo que tienen para ofrecer es la capacidad de unir a los vecinos de la zona, que conversen entre ellos y que disfruten de música que no conocen. Entonces, eso es lo que hace que la cultura en Madrid siga funcionando y que sea una ciudad en la que se apueste muchísimo por el talento emergente.

Por esa parte, por supuesto, las salas sustentan la cultura en Madrid. Y a los artistas.

Los clásicos de Claudia

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La Riviera

Mi sala favorita es La Riviera. Yo creo que cualquier persona que sea fan del Indie o que sea fan de la música un poco menos comercial lo es. Porque claro, el que es fan de Quevedo, Quevedo no va a hacer el tour en La Riviera. Pero si eres fan de gente que empieza más poco a poco, el orden siempre es el mismo. Empiezas haciendo una Sol, una Búho Real, luego viene una But y ya luego te viene una Riviera. Que no es que sea una capacidad enorme, porque son dos mil quinientas personas, pero es una capacidad suficiente como para decir “vamos a poner en el radar a esta gente”. Para mí en la sala más mítica de Madrid, además creo que tiene una disposición súper buena para la acústica que hay en la sala.

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Sala BUT

Una sala que a mí me gusta mucho es la BUT. Esta en concreto no es que tenga una acústica maravillosa, pero es una sala en la que yo he tenido la suerte de ver a mucha gente que admiro y creo que es una sala que ofrece peculiaridades bastante interesantes. Con la misma entrada puedes ponerte o bien en la pista o bien en la parte alta, no hay distinción, y a mí es lo que me gusta mucho de este tipo de salas. En un WiZink normalmente siempre hay pista front, pista, que si grada baja, que si alta alta… En una Riviera la gente compra una entrada general y punto, en una But lo mismo, o sea es una entrada en la que todo el mundo va con la misma predisposición y eso me parece muy guay y me gusta mucho.

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Teatro Eslava

Otra sala mítica que puede haber en Madrid es la Joy Eslava. Es una reliquia que tenemos aquí en Madrid y lo mismo, te permite verla desde abajo, puedes verla desde el primer anillo, el segundo anillo. Quizás para el cantautor más que una Riviera sería una Joy Eslava, que es un recinto como un teatro, pero que a la vez tiene la peculiaridad de que puede convertirse en sala de conciertos, porque no tiene butacas en la parte de abajo, aunque se pueden añadir. Permite esa dualidad; la Joy yo creo que es súper clave para los cantautores.

Las salas como sustento del talento emergente

Hay mucha gente que se sustenta gracias a los conciertos, y hay muchas salas en Madrid, que eso hay que decirlo, que no son nada abusivas. Porque alquilar un Wizink Center un día, alquilar un Santiago Bernabeu, alquilar una Riviera, no es barato. O sea, muchas veces los conciertos salen a beneficio prácticamente cero para el artista, no se gana nada, y es más por poner la medallita. Pero hay muchas salas en Madrid en las que tú puedes tocar gratuitamente. Lo mismo la entrada que pagaba la gente, de 10 euros se quedan artistas 6 y el local se queda 4. Pero tú, como tal, no pagas alquiler. O sea, el número de entradas que vendan, el número de entradas que dividen y entre a ambos lados. Y eso permite que mucha gente emergente se pueda dar a conocer. Porque es que si no sería imposible.

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El lugar perfecto para descubrir artistas

Me acuerdo de un día que pasé por la sala Sol y estaban tocando unas chicas que se llamaban Shego en un concierto de Radio 3, que apoya muchísimo al talento emergente. Y dije yo “anda, pues voy a entrar”. Pues yo creo que desde ese día he vuelto a ver a Shego en conciertos 10 veces por lo menos. O sea, salí totalmente convencida de que era una de las promesas de la industria musical. 

Lo mismo me ha pasado con muchísima gente. Yo recuerdo ir a conciertos de Belén Aguilera, que ahora hablamos de ella en mayúsculas. Recuerdo que el primer concierto suyo al que fui, en la Sala Galileo, eran 10 euros, y te regalaban la entrada y el disco. Presentaba su primer EP, Dormida, y claro, el EP todavía se lo había autofinanciado ella, y allí también dije “esta tía va a petarlo muy fuerte”.

Si mañana fuese tu último concierto, sería...

Totalmente en una sala. Además que yo creo que es que el ambiente hace mucho un concierto. Es verdad que el mejor concierto de mi vida ha sido ver a Taylor Swift, pero yo sé que si yo hubiera tenido la oportunidad de ver a Taylor Swift en una sala, para mí eso hubiera sido la unión de las dos cosas que más me gustan. Y de hecho, a veces me da pena que mis artistas favoritos se vayan haciendo tan famosos para que fallan dejando atrás las salas.

Evidentemente te emociona que un artista que te gusta llene un WiZink o un Bernabéu, pero esa emoción de estar con los que habéis sido súper fieles al artista en una sala pequeña donde el artista os ve a todos prácticamente, donde tenéis un espacio súper íntimo creado… Esa sensación yo creo que no es comparable a lo que se vive en un concierto grande, multitudinario. Evidentemente se me ponen los pelos de punta al ver a 80.000 personas cantando Love Story, por supuesto. Pero igualmente se me ponen los pelos de punta viendo a 10 personas cantar Galicia de Yoly Saa. Porque yo por ejemplo estoy en un concierto acústico con 15 personas y también hay una magia ineludible ahí. Entonces por supuesto me quedo con la sala.

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